El día 13 de septiembre de 2007, la Asamblea General de las Naciones Unidas dio un nuevo impulso a la protección de los Derechos Humanos de los Pueblos Indígenas, mediante la adopción de una declaración que concluyó con más de 25 años de negociaciones sobre los derechos de pueblos nativos a proteger sus tierras y recursos, y a mantener sus culturas y tradiciones únicas.
Con 143 votos a favor, 4 en contra (Australia, Canadá, Nueva Zelanda y los Estados Unidos), y 11 abstenciones (Azerbaiján, Bangladesh, Bhután, Burundi, Colombia, Georgia, Kenya, Nigeria, Federación Rusa, Samoa, Ucrania), la Asamblea adoptó la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de Pueblos Indígenas, la cual proclama derechos colectivos e individuales para los 370 millones de personas indígenas alrededor del mundo, haciendo un llamado al mantenimiento y al fortalecimiento de sus identidades culturales, enfatizando su derecho a acceder al desarrollo en base a sus propias necesidades y aspiraciones.
Instrumento no vinculante, la Declaración prohíbe la discriminación en contra de pueblos indígenas y promueve su total y efectiva participación en todos los aspectos que les conciernan